19/10/16

HOJAS AL AIRE



    Al caminar, con los pies, iba dispersando, en el aire, las hojas muertas que el otoño hacia amontonarse bajo los árboles del monte de La Degollada. Con la vista puesta en el horizonte, sólo llegaba a ver la punta de mis pies al caminar y, a las hojas salir disparadas en todas las direcciones para posarse mansamente al cabo de un corto vuelo. Cualquier persona que estuviese mirando en mi dirección, y no me viese, pensaría que una ráfaga de viento avanzaba hacia la cima el Pico Cueto dispersando las hojas que tapizaban la sierra, dejando un rastro visible, un camino limpio tras su paso.

   Caminando así, absorto en mis pensamientos, casi como un adolescente, esquivando obstáculos sin fijarme en ellos, reviviendo mis pasos por aquellos montes, observando de soslayo, una vez más, la sinuosa carretera que sube a La Mata, me dejé sorprender por una caminante solitaria -O compañera caminante, como solía corregirme burlonamente Amalia-. Su saludo me perturbó de tal manera... y me puso en tal estado de alerta que hasta ella se asustó. Pero el tono de su saludo había sido muy amable, por lo que tras segundos de reflexión, no tardé en recuperar la compostura devolviendole el saludo de la forma más amigable de que fui capaz, después de carraspear con gran estruendo, para aclararme la voz, porque después de llevar tanto tiempo sin hablar con nadie la garganta siempre se que queda atrancada y las palabras parecen salir del fondo de un motor entre ahogado y gripado, lo que podría provocarle otro buen susto también a ella.
    -Fría mañana para pasear por estos montes -Dije, intentando mejorar la primera impresión que habría tenido de mí.
    -Sí, pero hoy el día es perfecto para ello, un lugar tan triste, insinúa más metido entre nubes -contestó ella.
   Me sorprendió su respuesta llena de tristeza, como si conociese bien la historia del lugar. Así que no me quedó más remedio que satisfacer mi curiosidad, que sino fuese por esto, hubiese continuado mi camino desapareciendo sin dejar más rastro tras de mí.
   -Conoce entonces este lugar.
   -Por las historias que se cuentan, nada más. Pero es un sitio que impresiona cuando se conoce.
   -Ya... -Conocido el percal de la viajera, perdido todo mi interés por ella, estaba presto a marcharme por segunda vez, por lo que en este punto terminé todo intento de continuar conversando.
   -Usted parece que sí. -Me sorprendió ella preguntando-. Al considerar que un alma solitaria, como parecía ella, o como la mía, tienden a recluirse tan pronto como pueden en si mismos, callé un buen rato, para ver qué pasaba. Ella seguía allí plantada, igual que un árbol más del monte o como una piedra que se alza imperturbable sobre la pradera. Solo que sonreía abiertamente, con franqueza.
   Hacía mucho tiempo que no veía a nadie sonreír así. Solo me quedaba ya el recuerdo del horror y la desesperación. Aquella sonrisa me atosigó de recuerdos. Así que decidí contárselo, casi todo.
   - Era muy joven, yo, cuando paso lo de aquí, dieciséis años. Demasiado joven para ver tanto horror y miseria. Pero también hubo buenos momentos, no vaya a creer usted que todo fue malo. Buenos amigos, buenas amistades, amoríos imposibles...-Quizás era eso. Quizás era por lo mucho que se parecía a Amalia por lo que me estaba dejando desahogarme y a buscar su comprensión- Pero sabe una cosa, a pesar de la maldad de la gente, de la violencia y el rencor, de la sinrazón de la guerra que viví por estas trincheras, sabe que es lo que más me duele, lo que me reconcome por dentro, y eso que soy de los que me importa un carajo el qué dirán... ¿No? No se lo puede imaginar. El que piensen que fui un cobarde, que huí, que traicioné a los míos. Y todo porque no me encontraron con los caidos en el combate. Seiscientos en un día ¡Léalo!, semejante monstruosidad tiene que estar en los libros, si no me cree busque por los cementerios. Pues esa tontería es la que me sabe mal, la que no me deja descansar en paz, el que se dude de lo que sufrí. Solo tenían que haber escarbado un poco más, debajo de aquellos tres pinos que crecen allí, fuertes altos y sanos, junto a aquel regato de allí. Junto a Amalia, que allí se encuentra también, junto con los otros tres compañeros que éramos. Los últimos en caer. Los más olvidados después de que todo pasó. Fusilados en la noche, con las prisas de un frente en desorden que avanza, de los que se conocen victoriosos sobre los que se saben vencidos. Desaparecidos y olvidados para todos. Sin nadie que nos buscase, o que se atreviese a preguntar por nosotros...

    Cualquier persona que, estuviese mirando en mi dirección, y no me viese, pensaría que un fantasma invisible avanzaba hacia el Pico Cueto dispersando las hojas que tapizaban la sierra y dejando un rastro visible, un camino limpio tras su paso.

5/2/16

LA IREALIDAD



  

Tenemos una obligación moral, a la que todos nos debemos, para difundir nuestros conocimientos y que con ello, desvelarestas situaciones tan anómalas, para que no se vuelvan a repetir jamás.

   Conscientes ya de que nunca se debe de propiciar -Ni ahora que ya somos plenamente conscientes de ello, ni cuando por simple e inconsciente desconocimiento lo hacíamos-, la llamada al despertar de los repugnantes engendros que nos acechan desde tiempos inmemoriales. El horror de la persecución que para nuestra destrucción acecha, detrás de cada instante, nos es vedado en el conocimiento ordinario. Y es por esa causa por lo que nos aconteció cuanto en el viaje de regreso sucedió. En aquel momento tan propicio para el horror, se pronunciaron maquinalmente, como guía de nuestro insano destino, sin darnos apenas ninguna cuenta de ello, ni apreciar peligro alguno, las palabras que jamás se han de pronunciar ni escuchar durante cualquier viaje, máxime en tierras que nos sean desconocidas, pues no sabemos las desdichas que en ellas nos puede estar esperando.

  

21/12/15

DIOSES MENORES

 --De la perpetua derrota de continuar vivo


   Vista desde la calle, la luz que sale por la ventana va ganando intensidad según se van abriendo las cortinas de la habitación. Se ve aparecer tras ellas un rostro radiante, de mirada distraída, que observa con cierto hastío. Mira sin ver nada en concreto. Sin ocupación, desempleado desde hace demasiado tiempo, se siente inútil y, simplemente se dedica a observar, sin centrar su atención en nada ni nadie en concreto. Sigue los movimientos de la gente por las calles, de los coches, de los animales; no hace más, solo eso. Observa.

31/8/15

RUTINAS




    La fuerza con la que castigaba el Sol, en esta tórrida tarde de verano, que ya empieza a querer amainar con la eminente llegada del crepúsculo se hace ya insoportable. Alguna nube perdida y solitaria atraviesa, la estrecha franja que como una rasgadura entre la selva de edificios, se deja ver en su lento paso, jugando entre los tejados de las altas y planas terrazas,que junto al hospital marcan el principio de la avenida que corta en dos la ciudad. Pero es la quietud y el silencio de la ciudad, la que me deja de perplejo y alerta. Es sorprendente. El atardecer languidece y sólo se oyen voces alborotadas, muy a lo lejos, que rompen la calma y esa quietud en un paisaje indolente, cuando apenas hace unas horas el estruendo y el griterío eran su seña de identidad.
   En unos minutos la sombra alargada del hospital me alcanzará, y por fin me dejará de quemar el Sol. El anaranjado atardecer va impregnando todos los edificios, y el frescor ya quiere acaricia los sentidos que se adelantan adivinando lo que está por venir. Mientras tanto, aquí, recostado, solo puedo esperar y seguir observando. Puedo seguir viendo las nubes pasar entre los pequeños resquicios que dejan los edificios al cielo, la estrechez de las calles reventadas, en ruinas, y el perfil de los edificios a medio demoler. El cielo sigue azul, calmo, imperturbable. No he escuchado ni a un sólo pájaro en más de dos horas. Os podéis estar preguntando qué puedo sentir yo ahora, aquí recostado, entre el polvo caliente de la calle. Pues tan solo dolor, solo siento dolor.

26/12/14

LA `A´ FANTASMA



   Consideré los hechos y regresé de súbito. Entré corriendo, intenté no meter mucho ruido, y de este modo fue como los puede sorprender en el desliz. Ellos, que siempre fueron mis únicos condiscípulos; primero mis íntimos compinches, y hoy... Hoy los encuentro juntos, muy unidos, en revoltijo desorden, los dos, el uno junto con el otro. Pero sin tener ni un mísero resentimiento, por mí..
  Reproches, siempre erigidos con orden, siempre en negro sobre folios impresos, escritos con mimo sobre los cojines del sillón, en dormitorio..
  Los vi resistirse, quietos por mucho tiempo, con embeleso. Los dos siguieron muy juntos. Ellos no me vieron, o fingieron no verme -creí yo entonces-, desconocedor, pobre de mí, de los hechos, pero con un presentimiento que se me revolvió certero con el tiempo. Ellos en sus trece, siguieron muy quietos, cínicos, sin sentirse cohibidos en ningún momento. Continué pues, en quietud, como en un sueño de impuesto miedo, indeciso por no exponerme y romper el hechizo de un momento postrero, y decisivo, que estuviese próximo.
  Poco tiempo después conseguí resurgir, intenté meter un poco de ruido, inducir su interés, pero sin convicción. Sonó, como el sonido de unos decrépitos cerrojos llenos de óxido. ¡Que poco les inquietó! Busqué un sitio próximo sin descubrirme, y poder seguir protegido, en reposo, por el muro posterior del dormitorio.
   No percibí entonces lo que vieron mis ojos con nitidez, resistiéndome después mucho tiempo a creerlo. Pero resultó que en el momento cumbre, por un tonto descuido....
  Yo, en ese momento por el muro sostenido, yo consumido en el sufrimiento y, con el tedio de resistir ya indolente, en posición muy imprudente, descubrí que un poco de mi borde derecho, y mucho de mi pié, del perfil izquierdo se cedían dentro del muro, y este dejó, de repente, de sostenerme el cuerpo, yéndome de bruces -pero sin sentir un mínimo de dolor en todo este proceso- siendo detenido por el suelo del recibidor contiguo.
  El hecho me definió como lo que aquí podéis ver, el presente de quien soy yo. No con el convencimiento objetivo, pues siendo sincero, no lo pienso reconocerlo de ningún modo. Pues no puedo concebir que no soy el, un poco fisgón, descreído, pretencioso fortuito e infrecuente -por refinado- que creí siempre ser, sino que desde entonces intento reconocerme como -sin desmerecer por lo curioso del suceso-, un corriente plebeyo, rústico y puede que bruto, pero por siempre, un ordinario y triste fantasma espectro.

17/11/14

DUERMEVELA




   No se estaba pareciendo el día, en nada, a como ella lo había planeado, pero ya había quedado con su hijo para salir aquella tarde de Halloween a pedir "dulce o truco" por el vecindario, y no podía defraudarlo. El recuerdo de su marido, muerto hacía pocos meses (A causa de una bala perdida en una riña vecinal), mientras regresaba del trabajo en una apacible tarde de verano, no le ayudaba a estar muy alegre y animosa aquel día. Máximo después de despertarse, con el corazón martilleándole las sienes, con la imagen, demasiado nítida, de la cara su hijo caída contra el asfalto, abatida por un disparo.
   Se tomó una pastilla, de color azul, y esperó un tiempo prudencial.

29/10/14

PINGÜINOS AL SOL




   Comenzar el viaje hacia una pequeña isla volcánica ecuatorial, sin saber muy bien que esperar de ella conlleva sus sobresaltos, pero también compensan sus alegrías. Con sólo con unas pequeñas ideas, estereotipadas, sobre el entorno natural, trazamos un leve esbozo de las que serán las idas y venidas, que marcarán el devenir de nuestros andares durante los próximos días. La rutina de la espera, en el aeropuerto, se junta con la impaciencia por el descubrimiento, con la esperanza puesta en que las causalidades del destino nos aparten de los caminos ya repetidos mil veces por las guías fotográficas, y nos lleven a esos momentos, que sin buscarlos, pero vivamente esperados, nos trastoquen del plan previsto y nos transporten a la grata vivacidad de ese hallazgo inesperado.

6/8/14

DISRUPCIÓN



 Guardo sólidamente, en mi memoria, la última vez que lo vi. Las imágenes rebobinadas se reinician una y otra vez regresando continuamente a la superficie; vagos recuerdos que se dice. Lo veo tirado en el suelo, puedo verlo con precisión, como otras tantas otras veces. Pero esta vez su situación era más... -quería escribir: crítica, pero sólo me venía la palabra deplorable-. Una vez más, tirado en el suelo, con la cara ensuciada con las costras resecas de vómitos alcohólicos; pidiéndome, suplicándome, exigiéndome la ayuda necesaria para localizar su coche, aparcado quien sabe donde, desde hacía ya varios días de rutinario desenfreno. Perdido en cualquier calle de las que bajan al sur, al mar, al puerto; su debilidad. Pero esta vez, yo, no estaba dispuesto a seguir colaborando con aquel juego de suertes truncadas.

8/4/14

El CLAN



   Estaban acampados bajo el gran collado, en un terreno peligroso, desprotegido y con grandes precipicios en los flancos. Este era el primer año que no conseguían cruzarlo en el día, a pesar de varios intentos, realizados con determinación y sufrimiento, sabedores de los peligros que les acechaban si no conseguían su propósito de cruzar el collado de día, los expedicionarios desistieron. Tomaron una dura decisión, pero eran conscientes de que cada año que pasaba había más nieve, más frío y las posibilidades de accidentes crecían año tras año. Todos compartían la decisión tomada y todos colaboraban en los preparativos par la dura noche que les esperaba. Estaban fuera de las tiendas, y lejos de los caminos de las rutas de otros grupos, más conservadores y menos predispuestos a arriesgarse, pero la rapidez, para ellos, era vital. Toda la gloria, siempre, había sido para el primero. El lugar escogido para vivaquear aquella noche era nuevo, y por ello desconocido, nunca lo habían hecho a tanta altura y en unas condiciones tan difíciles de frío y viento. Mientras los más enteros estaban preparando las tiendas, el resto de los expedicionarios descansaban preparando la cena, o bien, preparando una gran hoguera.

24/2/14

SONES




  Intimidación 
   Sones de gaita, saturando el aire, con un estruendo capaz de alzarse por encima de un tambor, también solitario y austero. Sonidos juntos capaces de hacer resurgir el sentimiento de hombres recios ante la adversidad, mientras se agrupan  para dar batalla. Marchas sonoras para ensordecer tanto el miedo propio como para amedrentar el valor ajeno.
   Sones capaces de hacerse oír sobre los gritos y aullidos que asolaran los paisajes, sin pensar demasiado en las desdichas que se sembrarán. Catalizador de sentimientos heroicos, de rabia y de dolor, en el  homenaje postrero de los que no regresarán.
 

12/2/14

ESPACIO FUTURO

 
   Faustino Fernandez (sin tilde), habitante del segundo planeta en órbita al rededor de una estrella binaria, enana azul, ordinaria a todas luces, en la inmensidad del cosmos. Reflexiona dentro de su mal iluminada cubículo, situado este a ciento veintisiete kilómetros de profundidad de la superficie de su querido planeta rocoso, de núcleo metálico, fundido, y por ello caliente.
 
   Tino, medita sobre la clase que dará a sus alumnos, y que versará sobre las curiosas paradojas que acontecieron durante la época del estudio de la unificación de las fuerzas esenciales de la física. Recapitula mentalmente sobre la historia de su mundo, cuando los físicos, que ya se encontraban a punto de unificar las tres fuerzas primigenias en un todo -pues para ellos, al contrario que nosotros, a la gravedad se le consideró siempre como muy sobrevalorada ya desde sus comienzos, y en la actualidad la consideran una entelequia filosófica de brujos-, descubren, a través del paso de los eones, que la estrella de la que más dependían entonces, (una estrella naranja, de tipo medio, -vulgar, a todas luces, otra vez-) estaba a punto de agotársele el hidrógeno y, expandirse dramáticamente hasta engullirlos.
 

1/12/13

LOS NEGOCIADORES




    La camisa blanca y la corbata pertenecían al uniforme, no obligado en su caso, pero le otorgaba cierta actitud de superioridad manifiesta y unos más que aceptables sobreentendidos con relación a su puesto de trabajo. Pero su sonrisa, y la mirada, sobre todo esa mirada de honradez y empatía, eran la marca de la casa, con la que era capaz de amansar a los clientes más exaltados. Pero siempre hay una primera vez en la que el mundo se nos viene encima, nos abandona, sin desamparo, del contexto aprendido, entrenado cada día, y nos sitúa en un nuevo y desconocido escenario.
   Cuando el cliente entró, directo, sin cerrar la puerta, los ojos clavados en él, supo que se acercaba la tormenta, pero una vez más, pues esto no era nada nuevo para él, seguro de si mismo no esquivó la mirada y le hizo frente, mientras aprovechaba los escasos segundos que los separaban para tratar de relajarse concentrándose en unos simples ejercicios de respiración aprendidos en los viejos seminarios de sus años mozos. El cliente, al estar ya próximo, le lanzó una mirada de desaprobación de tal intensidad que hizo dudar al experimentado mediador. No le ocurría esto todos los días, es más, esta era una circunstancia excepcionalmente muy poco usual en él, así pues, se la devolvió con un pequeño tono de extrañeza, sorpresa e... inocencia.