31/8/15

RUTINAS




    La fuerza con la que castigaba el Sol, en esta tórrida tarde de verano, que ya empieza a querer amainar con la eminente llegada del crepúsculo se hace ya insoportable. Alguna nube perdida y solitaria atraviesa, la estrecha franja que como una rasgadura entre la selva de edificios, se deja ver en su lento paso, jugando entre los tejados de las altas y planas terrazas,que junto al hospital marcan el principio de la avenida que corta en dos la ciudad. Pero es la quietud y el silencio de la ciudad, la que me deja de perplejo y alerta. Es sorprendente. El atardecer languidece y sólo se oyen voces alborotadas, muy a lo lejos, que rompen la calma y esa quietud en un paisaje indolente, cuando apenas hace unas horas el estruendo y el griterío eran su seña de identidad.
   En unos minutos la sombra alargada del hospital me alcanzará, y por fin me dejará de quemar el Sol. El anaranjado atardecer va impregnando todos los edificios, y el frescor ya quiere acaricia los sentidos que se adelantan adivinando lo que está por venir. Mientras tanto, aquí, recostado, solo puedo esperar y seguir observando. Puedo seguir viendo las nubes pasar entre los pequeños resquicios que dejan los edificios al cielo, la estrechez de las calles reventadas, en ruinas, y el perfil de los edificios a medio demoler. El cielo sigue azul, calmo, imperturbable. No he escuchado ni a un sólo pájaro en más de dos horas. Os podéis estar preguntando qué puedo sentir yo ahora, aquí recostado, entre el polvo caliente de la calle. Pues tan solo dolor, solo siento dolor.

   Venía directa al hospital, un día más, o a lo que queda de él, que es normalmente lo más básico: Escaso personal sanitario cualificado y dos quirófanos, sin apenas medicinas y con los analgésicos agotados. Venía por el lado bueno, o al menos eso creía yo. Ya veo que me equivoqué. Pero hasta hoy, venir dejando las torres del este a la espalda era sinónimo de seguridad, ya que dejábamos a los francotiradores con el sol dándoles de lleno en la cara y era peligroso, para ellos, seguirnos con sus miras telescópicas cuando el Sol se encontraba ya tan bajo...
...Quizás la larga sobra que proyectaba me delató. Quizás siempre la siguió, pero esta vez aburrido, cambió de estrategia, cambió las normas de juego sin aviso, quizás para, simplemente, ganarle al tedio. No lo considero hacer trampa por su parte, pues por aquí todos sabemos que las reglas sólo las conoce él. Puede que incluso alguien superior a él sea quien se las dicte, pero nosotros no podemos llegar a su nivel de comprensión. Solo nos queda suponer lo que nuestro destino nos tiene preparado, refugiarnos en la rutina colectiva para afrontar la incertidumbre, seguros en el ritual, o por lo menos con la esperanza que nos da el no salirnos de la marca, confiando en multitud supersticiones.
   Quizás sólo fue un gesto el que me delató... quizás, el mismo gesto que él, ayer, encontraba familiar, con el que se quedaba mirándome, persiguiéndome, quizás sonriendo por recordarle a algún conocido. Quizás ayer riñeron y hoy se lo recordé cunado ya lo tenía olvidado. Tal vez una novia, ¿o tal vez me parecía a su hermana?... Quien sabe, demasiadas variables posibles para encontrarle la lógica. Pero lo que sí es cierto es que me alcanzó con dos disparos certeros, profesionales, uno en el estómago, el que me derribó, y otro en el muslo, para que no me pudiese escapar ni arrastrarme.
   Después llegó la rutina. Sabía lo que tenía que hacer, de cuando era yo quien presionaba las arterias de los heridos que iban llegando al hospital para evitar que se muriesen desangrados. Así pues, en cuanto pasaron las primeras puñaladas de dolor, rasgué la tela de una blusa para usarla como torniquete y poder taponar la sangría de la pierna, y presionar, con las dos manos, la herida del estómago. La tranquilidad nos marca el estandar de seguridad, pero al verme caer abatida, mis dos compañeros de la ambulancia que me estaban esperando para comenzar el turno, salieron corriendo -Diría: disparados, si se me permite el desafortunado juego de palabras con doble sentido-, sin pensárselo, al rescate. El fuerte compromiso de hermandad que nos unía les traicionó y ahora están muertos, pero no me lo hecho en cara pues yo solo soy una intermediaria del destino. Fueron otras dos balas, otros dos tiros certeros, los que los mataron. Una bala sola para cada uno. Trabajo de precisión y eficacia. Los detalles son lo de menos, pero también me duele mucho el recordarlo y no poder haber hecho nada.

   No paro de sangrar por la herida del estómago. Cada vez que intento gritar bulle un chorro de sangre entre los dedos de las manos que intentan mantener taponado el agujero del estómago; pero todos siguen las normas y nadie se atreve a acercarse para ayudarme. Todavía falta media hora para que la oscuridad se empiece a poner de mi parte, pero confío en el curso natural de los acontecimientos, en el del ritual arraigado, pues yo ya no pretendo retornar a la gracia, aún en la ortodoxia, al caer -Otra vez otro desafortunado mal juego de palabras- en desgracia a los ojos del guardián. Se que cuando falte poco me disparará de nuevo subiéndome los umbrales del dolor aletargados hasta donde no los pueda soportar, donde más me duela, y yo grité ante la imposibilidad de reprimir la sorpresa y el dolor. Y él esperará a ver si los que aún me aguardan intenten algo, aunque puede que simplemente traten de interpretar la secuencia, buscar variantes, y tomar la decisión que les permita sobrevivir. Pero a él, esto, seguro que no le importa nada, sus pensamientos estarán en otra parte, jugando con nosotros a otro juego, sin que sepamos ya no las reglas, sino que, ni que estamos jugando.

   Ya no veo pasar nubes entre las ensombrecidos perfiles de los edificios, el cielo está muy oscurecido. La penumbra me rodea, la noche se acerca pausada, tanteando cada esquina. Intuyo que puede ser mi amiga, si me quita el dolor y, puede que me calme la angustia, pero también intuyo que mi más resentida enemiga si intento revelarme de alguna forma. Pero sigo sin conocer las reglas de la partida.

26/12/14

LA `A´ FANTASMA



   Consideré los hechos y regresé de súbito. Entré corriendo, intenté no meter mucho ruido, y de este modo fue como los puede sorprender en el desliz. Ellos, que siempre fueron mis únicos condiscípulos; primero mis íntimos compinches, y hoy... Hoy los encuentro juntos, muy unidos, en revoltijo desorden, los dos, el uno junto con el otro. Pero sin tener ni un mísero resentimiento, por mí..
  Reproches, siempre erigidos con orden, siempre en negro sobre folios impresos, dejados con mimo sobre los cojines del sillón del dormitorio..
  Los vi resistirse, quietos por mucho tiempo, con embeleso. Los dos siguieron muy juntos. Ellos no me vieron, o fingieron no verme -creí yo entonces-, desconocedor, pobre de mí, de los hechos, pero con un presentimiento que se me revolvió certero con el tiempo. Ellos en sus trece, siguieron muy quietos, cínicos, sin sentirse cohibidos en ningún momento. Continué pues, en quietud, como en un sueño de impuesto miedo, indeciso por no exponerme y romper el hechizo de un momento postrero, y decisivo, que estuviese próximo.
  Poco tiempo después conseguí resurgir, intenté meter un poco de ruido, inducir su interés, pero sin convicción. Sonó, como el sonido de unos decrépitos cerrojos llenos de óxido. ¡Que poco les inquietó! Busqué un sitio próximo sin descubrirme, y poder seguir protegido, en reposo, por el muro posterior del dormitorio.
   No percibí entonces lo que vieron mis ojos con nitidez, resistiéndome después mucho tiempo a creerlo. Pero resultó que en el momento cumbre, por un mal descuido....
  Yo, en ese momento por el muro sostenido, yo consumido en el sufrimiento y, con el tedio de resistir ya indolente, en posición muy imprudente, descubrí que un poco de mi borde derecho, y mucho de mi pié, del perfil izquierdo se cedían dentro del muro, y este dejó, de repente, de sostenerme el cuerpo, yéndome de bruces -pero sin sentir un mínimo de dolor en todo este proceso- siendo detenido por el suelo del recibidor contiguo.
  El hecho me definió como lo que aquí podéis ver, el presente de quien soy yo. No con el convencimiento objetivo, pues siendo sincero, no lo pienso reconocerlo de ningún modo. Pues no puedo concebir que no soy el, un poco fisgón, descreído, pretencioso fortuito e infrecuente -por refinado- que creí siempre ser, sino que desde entonces intento reconocerme como -sin desmerecer por lo curioso del suceso-, un corriente plebeyo, rústico y puede que bruto, pero por siempre, un ordinario y triste fantasma espectro.

17/11/14

DUERMEVELA




   No se estaba pareciendo el día, en nada, a como ella lo había planeado, pero ya había quedado con su hijo para salir aquella tarde de Halloween a pedir "dulce o truco" por el vecindario, y no podía defraudarlo. El recuerdo de su marido, muerto hacía pocos meses (A causa de una bala perdida en una riña vecinal), mientras regresaba del trabajo en una apacible tarde de verano, no le ayudaba a estar muy alegre y animosa aquel día. Máximo después de despertarse, con el corazón martilleándole las sienes, con la imagen, demasiado nítida, de la cara su hijo caída contra el asfalto, abatida por un disparo.
   Se tomó una pastilla, de color azul, y esperó un tiempo prudencial.

29/10/14

PINGÜINOS AL SOL




   Comenzar el viaje hacia una pequeña isla volcánica ecuatorial, sin saber muy bien que esperar de ella conlleva sus sobresaltos, pero también compensan sus alegrías. Con sólo con unas pequeñas ideas, estereotipadas, sobre el entorno natural, trazamos un leve esbozo de las que serán las idas y venidas, que marcarán el devenir de nuestros andares durante los próximos días. La rutina de la espera, en el aeropuerto, se junta con la impaciencia por el descubrimiento, con la esperanza puesta en que las causalidades del destino nos aparten de los caminos ya repetidos mil veces por las guías fotográficas, y nos lleven a esos momentos, que sin buscarlos, pero vivamente esperados, nos trastoquen del plan previsto y nos transporten a la grata vivacidad de ese hallazgo inesperado.

6/8/14

DISRUPCIÓN



 Guardo sólidamente, en mi memoria, la última vez que lo vi. Las imágenes rebobinadas se reinician una y otra vez regresando continuamente a la superficie; vagos recuerdos que se dice. Lo veo tirado en el suelo, puedo verlo con precisión, como otras tantas otras veces. Pero esta vez su situación era más... -quería escribir: crítica, pero sólo me venía la palabra deplorable-. Una vez más, tirado en el suelo, con la cara ensuciada con las costras resecas de vómitos alcohólicos; pidiéndome, suplicándome, exigiéndome la ayuda necesaria para localizar su coche, aparcado quien sabe donde, desde hacía ya varios días de rutinario desenfreno. Perdido en cualquier calle de las que bajan al sur, al mar, al puerto; su debilidad. Pero esta vez, yo, no estaba dispuesto a seguir colaborando con aquel juego de suertes truncadas.

8/4/14

El CLAN



   Estaban acampados bajo el gran collado, en un terreno peligroso, desprotegido y con grandes precipicios en los flancos. Este era el primer año que no conseguían cruzarlo en el día, a pesar de varios intentos, realizados con determinación y sufrimiento, sabedores de los peligros que les acechaban si no conseguían su propósito de cruzar el collado de día, los expedicionarios desistieron. Tomaron una dura decisión, pero eran conscientes de que cada año que pasaba había más nieve, más frío y las posibilidades de accidentes crecían año tras año. Todos compartían la decisión tomada y todos colaboraban en los preparativos par la dura noche que les esperaba. Estaban fuera de las tiendas, y lejos de los caminos de las rutas de otros grupos, más conservadores y menos predispuestos a arriesgarse, pero la rapidez, para ellos, era vital. Toda la gloria, siempre, había sido para el primero. El lugar escogido para vivaquear aquella noche era nuevo, y por ello desconocido, nunca lo habían hecho a tanta altura y en unas condiciones tan difíciles de frío y viento. Mientras los más enteros estaban preparando las tiendas, el resto de los expedicionarios descansaban preparando la cena, o bien, preparando una gran hoguera.

24/2/14

SONES




  Intimidación 
   Sones de gaita, saturando el aire, con un estruendo capaz de alzarse por encima de un tambor, también solitario y austero. Sonidos juntos capaces de hacer resurgir el sentimiento de hombres recios ante la adversidad, mientras se agrupan  para dar batalla. Marchas sonoras para ensordecer tanto el miedo propio como para amedrentar el valor ajeno.
   Sones capaces de hacerse oír sobre los gritos y aullidos que asolaran los paisajes, sin pensar demasiado en las desdichas que se sembrarán. Catalizador de sentimientos heroicos, de rabia y de dolor, en el  homenaje postrero de los que no regresarán.
 

12/2/14

ESPACIO FUTURO

 
   Faustino Fernandez (sin tilde), habitante del segundo planeta en órbita al rededor de una estrella binaria, enana azul, ordinaria a todas luces, en la inmensidad del cosmos. Reflexiona dentro de su mal iluminada cubículo, situado este a ciento veintisiete kilómetros de profundidad de la superficie de su querido planeta rocoso, de núcleo metálico, fundido, y por ello caliente.
 
   Tino, medita sobre la clase que dará a sus alumnos, y que versará sobre las curiosas paradojas que acontecieron durante la época del estudio de la unificación de las fuerzas esenciales de la física. Recapitula mentalmente sobre la historia de su mundo, cuando los físicos, que ya se encontraban a punto de unificar las tres fuerzas primigenias en un todo -pues para ellos, al contrario que nosotros, a la gravedad se le consideró siempre como muy sobrevalorada ya desde sus comienzos, y en la actualidad la consideran una entelequia filosófica de brujos-, descubren, a través del paso de los eones, que la estrella de la que más dependían entonces, (una estrella naranja, de tipo medio, -vulgar, a todas luces, otra vez-) estaba a punto de agotársele el hidrógeno y, expandirse dramáticamente hasta engullirlos.
 

1/12/13

LOS NEGOCIADORES




    La camisa blanca y la corbata pertenecían al uniforme, no obligado en su caso, pero le otorgaba cierta actitud de superioridad manifiesta y unos más que aceptables sobreentendidos con relación a su puesto de trabajo. Pero su sonrisa, y la mirada, sobre todo esa mirada de honradez y empatía, eran la marca de la casa, con la que era capaz de amansar a los clientes más exaltados. Pero siempre hay una primera vez en la que el mundo se nos viene encima, nos abandona, sin desamparo, del contexto aprendido, entrenado cada día, y nos sitúa en un nuevo y desconocido escenario.
   Cuando el cliente entró, directo, sin cerrar la puerta, los ojos clavados en él, supo que se acercaba la tormenta, pero una vez más, pues esto no era nada nuevo para él, seguro de si mismo no esquivó la mirada y le hizo frente, mientras aprovechaba los escasos segundos que los separaban para tratar de relajarse concentrándose en unos simples ejercicios de respiración aprendidos en los viejos seminarios de sus años mozos. El cliente, al estar ya próximo, le lanzó una mirada de desaprobación de tal intensidad que hizo dudar al experimentado mediador. No le ocurría esto todos los días, es más, esta era una circunstancia excepcionalmente muy poco usual en él, así pues, se la devolvió con un pequeño tono de extrañeza, sorpresa e... inocencia.

16/11/13

EL CAZADOR DE MARAVILLAS



   No podréis repetir jamás el camino que he seguido, pues el universo donde lo vi es demasiado vasto y, es imposible balizar referencias espaciales o temporales, por las que poder retornar. Pero está llena de lugares increibles, de paisajes que no soy capaz de describir, mágicos, sorprendentes, dispuestos a saturaros de emoción.
   Podría deciros que simplemente hay que caminar, perderse despacio por cualquiera de los múltiples posibilidades que de manera aleatoria atesoran un sin fin de belleza maleable al paso del tiempo, a los cambios de luz. Son espacios únicos e irrepetibles.
   Pero no solo me unen los sentimientos estéticos, es porque también está parte de mí. ¿Cómo no iba a quedar algo de mí allí, si tal vez fui el único se se supo esperar al momento más apropiado, con la paciencia de años esperando, estudiando, el momento, que no supieron apreciar otros que por allí pudieron caminar, siempre con prisas, y sin tiempo para comprender que la belleza latente podía estallar en cualquier momento? Si durante décadas miré día tras día las transformaciones que se sucedían, incapaz de moverme para no perderme el siguiente segundo de tendencia. Unas veces cansado, otras feliz, las más con dolor y pesar, pero siempre allí presente, agazapado, escondido, recorriendo cada rincón que me correspondía, más allá de la obligación, más allá del deber. Todo ese mundo personal, se encuentra allí ligado.
 

29/9/13

EQUILIBRIO

Cuerpo sobre cuerpo,
tierra sobre tierra:
viento sobre viento. 
(Miguel Hernández
Cancionero y Romancero de ausencias)