17/11/14

DUERMEVELA




   No se estaba pareciendo el día, en nada, a como ella lo había planeado, pero ya había quedado con su hijo para salir aquella tarde de Halloween a pedir "dulce o truco" por el vecindario, y no podía defraudarlo. El recuerdo de su marido, muerto hacía pocos meses (A causa de una bala perdida en una riña vecinal), mientras regresaba del trabajo en una apacible tarde de verano, no le ayudaba a estar muy alegre y animosa aquel día. Máximo después de despertarse, con el corazón martilleándole las sienes, con la imagen, demasiado nítida, de la cara su hijo caída contra el asfalto, abatida por un disparo.
   Se tomó una pastilla, de color azul, y esperó un tiempo prudencial.

    Al regresar a casa, aún dispuso de un poco de tiempo para terminar de ayudar a su hijo a colocarse bien el disfraz. Salieron juntos y el pequeño, en cuanto se vio libre, echó a correr hacia la casa de enfrente. La madre pensó en llamarlo, para recordarle que mirase bien antes de cruzar la calle, por si venían coches, pero no dijo nada por miedo a asustarlo y que entonces todo fuera a peor. El niño, ajeno a las preocupaciones de la madre, continuó su carrera hacia la casa, sin prestar la más mínima atención a la posibilidad de la existencia de tráfico circulando por la estrecha calle. Frente a ellos se encontraba una casa muy deteriorada, pues el anciano que en ella vivía ya no tenía fuerzas para atender a su mantenimiento, y se pasaba más tiempo -de lo que el sano juicio de sus vecinos comentaban que era psicológicamente tolerable- encerrado en ella, ganándose con este malsano hacer una reputación entre problemático y excéntrico, que iba creciendo con el paso de los años. El niño, dejó de correr al encontrarse frente a la puerta y llamó. Ella, se sobresaltó cuando un camión le pasó, de imprevisto, por delante, a menos de dos metros, lo que le obligó a dejar de mirar a su hijo y prestar atención en en la circulación. El ruido que se produjo al terminar de pasar el camión, por delante de ella, se mezcló con el sonido sordo de una pequeña detonación, como de un petardo, como el sonido del disparo de una pistola de mediano calibre. Terminó de cruzar la calle, atenta al tráfico, y al subirse a la acera centró otra vez la mirada en la puerta de entrada de la casa del anciano. Pero ya no estaba allí su hijo. Sólo acertó a ver la silueta del anciano, mientras este, enfundaba en el bolso derecho de su batín de noche una pistola, de la que aún se podía ver salir una débil línea de humo azulado. Ya a la carrera, bajó la vista a ras del suelo para descubrir a su hijo, caído, boca arriba, en la acera. Cuando vio que una mancha oscura le salía de la cabeza y empezaba a esparcirse por el suelo, se quebró, sufrió un desvanecimiento que le dobló las rodillas y le obligó a apoyar una de sus manos en la mancha de sangre a la vez que notó la necesidad imperiosa de vomitar...

    La mano está sobre el charco de sangre, que le sorprende por lo caliente que está. La nota espesa, densa, aterciopelada. Incrédula aún, acerca la mano a los ojos y el olor oscuro de la sangre le satura la razón. De súbito el tiempo se congela, la vista se le nubla, cree desmayarse, perder el control, todo a su enrededor le da vueltas y una sensación de frío le golpea desde las sienes hasta la punta de los dedos de los pies, recorriéndole todo el cuerpo, de arriba a bajo y de abajo hacia arriba, como una suave corriente eléctrica que le roba las fuerzas. Consigue levantar la vista y ve a su hijo de pié ante la puerta, que en ese preciso momento, se está abriendo a cámara lenta, y sale el anciano que mira al pequeño, y la mira a ella con una desconsoladora sonrisa. Mientras, pausadamente, sin ninguna prisa, va introduciendo con desdén su mano en el abultado bolsillo de su batín de noche.
   Ella, en el culmen del delirio, inmóvil, incapaz de salir del bloqueo en el que se encuentra, solamente es capaz murmurar una súplica, inaudible, mientras cierra con fuerza los ojos.
 


29/10/14

PINGÜINOS AL SOL




   Comenzar el viaje hacia una pequeña isla volcánica ecuatorial, sin saber muy bien que esperar de ella conlleva sus sobresaltos, pero también compensan sus alegrías. Con sólo con unas pequeñas ideas, estereotipadas, sobre el entorno natural, trazamos un leve esbozo de las que serán las idas y venidas, que marcarán el devenir de nuestros andares durante los próximos días. La rutina de la espera, en el aeropuerto, se junta con la impaciencia por el descubrimiento, con la esperanza puesta en que las causalidades del destino nos aparten de los caminos ya repetidos mil veces por las guías fotográficas, y nos lleven a esos momentos, que sin buscarlos, pero vivamente esperados, nos trastoquen del plan previsto y nos transporten a la grata vivacidad de ese hallazgo inesperado.

6/8/14

DISRUPCIÓN



 Guardo sólidamente, en mi memoria, la última vez que lo vi. Las imágenes rebobinadas se reinician una y otra vez regresando continuamente a la superficie; vagos recuerdos que se dice. Lo veo tirado en el suelo, puedo verlo con precisión, como otras tantas otras veces. Pero esta vez su situación era más... -quería escribir: crítica, pero sólo me venía la palabra deplorable-. Una vez más, tirado en el suelo, con la cara ensuciada con las costras resecas de vómitos alcohólicos; pidiéndome, suplicándome, exigiéndome la ayuda necesaria para localizar su coche, aparcado quien sabe donde, desde hacía ya varios días de rutinario desenfreno. Perdido en cualquier calle de las que bajan al sur, al mar, al puerto; su debilidad. Pero esta vez, yo, no estaba dispuesto a seguir colaborando con aquel juego de suertes truncadas.

8/4/14

El CLAN



   Estaban acampados bajo el gran collado, en un terreno peligroso, desprotegido y con grandes precipicios en los flancos. Este era el primer año que no conseguían cruzarlo en el día, a pesar de varios intentos, realizados con determinación y sufrimiento, sabedores de los peligros que les acechaban si no conseguían su propósito de cruzar el collado de día, los expedicionarios desistieron. Tomaron una dura decisión, pero eran conscientes de que cada año que pasaba había más nieve, más frío y las posibilidades de accidentes crecían año tras año. Todos compartían la decisión tomada y todos colaboraban en los preparativos par la dura noche que les esperaba. Estaban fuera de las tiendas, y lejos de los caminos de las rutas de otros grupos, más conservadores y menos predispuestos a arriesgarse, pero la rapidez, para ellos, era vital. Toda la gloria, siempre, había sido para el primero. El lugar escogido para vivaquear aquella noche era nuevo, y por ello desconocido, nunca lo habían hecho a tanta altura y en unas condiciones tan difíciles de frío y viento. Mientras los más enteros estaban preparando las tiendas, el resto de los expedicionarios descansaban preparando la cena, o bien, preparando una gran hoguera.

24/2/14

SONES




  Intimidación 
   Sones de gaita, saturando el aire, con un estruendo capaz de alzarse por encima de un tambor, también solitario y austero. Sonidos juntos capaces de hacer resurgir el sentimiento de hombres recios ante la adversidad, mientras se agrupan  para dar batalla. Marchas sonoras para ensordecer tanto el miedo propio como para amedrentar el valor ajeno.
   Sones capaces de hacerse oír sobre los gritos y aullidos que asolaran los paisajes, sin pensar demasiado en las desdichas que se sembrarán. Catalizador de sentimientos heroicos, de rabia y de dolor, en el  homenaje postrero de los que no regresarán.
 

12/2/14

ESPACIO FUTURO

 
   Faustino Fernandez (sin tilde), habitante del segundo planeta en órbita al rededor de una estrella binaria, enana azul, ordinaria a todas luces, en la inmensidad del cosmos. Reflexiona dentro de su mal iluminada cubículo, situado este a ciento veintisiete kilómetros de profundidad de la superficie de su querido planeta rocoso, de núcleo metálico, fundido, y por ello caliente.
 
   Tino, medita sobre la clase que dará a sus alumnos, y que versará sobre las curiosas paradojas que acontecieron durante la época del estudio de la unificación de las fuerzas esenciales de la física. Recapitula mentalmente sobre la historia de su mundo, cuando los físicos, que ya se encontraban a punto de unificar las tres fuerzas primigenias en un todo -pues para ellos, al contrario que nosotros, a la gravedad se le consideró siempre como muy sobrevalorada ya desde sus comienzos, y en la actualidad la consideran una entelequia filosófica de brujos-, descubren, a través del paso de los eones, que la estrella de la que más dependían entonces, (una estrella naranja, de tipo medio, -vulgar, a todas luces, otra vez-) estaba a punto de agotársele el hidrógeno y, expandirse dramáticamente hasta engullirlos.
 

1/12/13

LOS NEGOCIADORES




    La camisa blanca y la corbata pertenecían al uniforme, no obligado en su caso, pero le otorgaba cierta actitud de superioridad manifiesta y unos más que aceptables sobreentendidos con relación a su puesto de trabajo. Pero su sonrisa, y la mirada, sobre todo esa mirada de honradez y empatía, eran la marca de la casa, con la que era capaz de amansar a los clientes más exaltados. Pero siempre hay una primera vez en la que el mundo se nos viene encima, nos abandona, sin desamparo, del contexto aprendido, entrenado cada día, y nos sitúa en un nuevo y desconocido escenario.
   Cuando el cliente entró, directo, sin cerrar la puerta, los ojos clavados en él, supo que se acercaba la tormenta, pero una vez más, pues esto no era nada nuevo para él, seguro de si mismo no esquivó la mirada y le hizo frente, mientras aprovechaba los escasos segundos que los separaban para tratar de relajarse concentrándose en unos simples ejercicios de respiración aprendidos en los viejos seminarios de sus años mozos. El cliente, al estar ya próximo, le lanzó una mirada de desaprobación de tal intensidad que hizo dudar al experimentado mediador. No le ocurría esto todos los días, es más, esta era una circunstancia excepcionalmente muy poco usual en él, así pues, se la devolvió con un pequeño tono de extrañeza, sorpresa e... inocencia.

16/11/13

EL CAZADOR DE MARAVILLAS



   No podréis repetir jamás el camino que he seguido, pues el universo donde lo vi es demasiado vasto y, es imposible balizar referencias espaciales o temporales, por las que poder retornar. Pero está llena de lugares increibles, de paisajes que no soy capaz de describir, mágicos, sorprendentes, dispuestos a saturaros de emoción.
   Podría deciros que simplemente hay que caminar, perderse despacio por cualquiera de los múltiples posibilidades que de manera aleatoria atesoran un sin fin de belleza maleable al paso del tiempo, a los cambios de luz. Son espacios únicos e irrepetibles.
   Pero no solo me unen los sentimientos estéticos, es porque también está parte de mí. ¿Cómo no iba a quedar algo de mí allí, si tal vez fui el único se se supo esperar al momento más apropiado, con la paciencia de años esperando, estudiando, el momento, que no supieron apreciar otros que por allí pudieron caminar, siempre con prisas, y sin tiempo para comprender que la belleza latente podía estallar en cualquier momento? Si durante décadas miré día tras día las transformaciones que se sucedían, incapaz de moverme para no perderme el siguiente segundo de tendencia. Unas veces cansado, otras feliz, las más con dolor y pesar, pero siempre allí presente, agazapado, escondido, recorriendo cada rincón que me correspondía, más allá de la obligación, más allá del deber. Todo ese mundo personal, se encuentra allí ligado.
 

29/9/13

EQUILIBRIO

Cuerpo sobre cuerpo,
tierra sobre tierra:
viento sobre viento. 
(Miguel Hernández
Cancionero y Romancero de ausencias)

22/9/13

En FIRENZE

  

    Pretendía escribir una crónica lejana al uso formal, relatando los detalles de una visita desde un punto de vista fronterizo con el cinismo. Del tipo de: 
"Para alguien acostumbrado al prerománico asturiano, Florencia es de una suntuosidad abrumadora, muy de... nuevos ricos".


   O también podía haber escrito algo más extenso, relatando las bondades del goce estético de la ciudad: "Subir a la iglesia de S. Miniato Al Monte, y poder contemplar la belleza del románico mejor conservado de toda la Toscana, casi en soledad. Bajar a la cripta con el tiempo justo para poder escuchar los últimos minutos de una misa cantada en gregoriano por viejos monjes y, al salir, contemplar, la luz del atardecer deslizándose sobre las fachadas de la ciudad, a la vez que se encienden las primeras luces al anochecer.



 Entrar en el Baptisterio o subir a la linterna del Duomo, pasear por su cúpula, teniendo al alcance de la mano los impresionantes frescos sobre el juicio final; Sólo puede ser superado por la indolencia de estar en una fresca suite del hotel, mientras me recreo en la lectura una novela de Benito P. Galdós, (-Miau-, en la que arremete, ya en el siglo XIX contra la administración moribunda de España, plagada de nulidades) con las amplias puertas del balcón abiertas de par en par a la ciudad y al río Arno, mientras de fondo se perciben diluidos bajo el calor de agosto los ruidos y la voces de los turistas".

 
   También barajaba la posibilidad de entrar más en el detalle, que hace distinta una mirada de otra, fuera ya de los clasicismos propagandísticos oficiales sobre las descripciones de las iglesias, estatuas o monumentos varios. Más centrada en momentos de ensoñación vividos, viendo actuar a la naturaleza, indiferente al bullicio, del tipo:
"Una grulla sobrevuela el río directo hacia el Sol que quiere ocultarse tras el Ponte Vecchio y demora, manteniendo la  expectación hasta el último instante, la decisión de si lo sorteará sobrepasándolo bajo los arcos o sobrevolando los tejados de las colgantes joyerías. Sobre la alegoría de una paloma, vulgar, que se refugia, también al atardecer, entre los pliegues del manto de una Madonna en la fachada de la catedral".

   Incluso con un carácter más humanista se podría comentar que:
"la simpatía de la gente y su espíritu empático, mientras a la vez tienes la sensación de que te están metiendo el codo, de no saber vivir sin meter presión". O de "el joven botones, de origen indio, que por la noche, con una sonrisa afranca y amable, detiene la ruidosa aspiradora al percibir como me acerco, y deja de limpiar una moqueta que ya de tan desgastada deja traslucir el suelo de madera".



   Pero en Florencia, esto, no se puede. Solamente con entrar en la "pequeña" Capella Dei Principe -gozo indescriptible, y saturación para los sentidos-, con esa perla codificada para iniciados que es el mausoleo de los Médicis, abruma y sobrepasa lo esperado, no nos deja más opción que abdicar en el empeño, de rendir toda y cada una de las naves, y de disfrutar de cada "pequeño" descubrimiento que atesora, para admiración y asombro, esta ciudad y su historia.