Ya nos quiere amedrentar impulsando las políticas del miedo: ¡Las imprudencias en montaña os pueden salir muy caras! Con simplón paternalismo pretenden dirigir el control de nuestras experiencias en unos terrenos muy propensos a lo libertario. No saben que parte del juego es ese: Cada uno se pone sus límites. La lucha es interior; afán de superación, de conocernos mejor, de ser mejores (personas). Aquí no sirve autoengañarnos, porque nos puede ir en ello lo que más apreciamos, la Vida. Donde quedará entonces el lema olímpico del: citius, altius, fortuis. Este es un mundo donde las cicatrices son necesarias y los límites los marca el espíritu.
Una cosa está clara. Si practicamos una "actividad deportiva" existe una obligación legal de tener un seguro, una federación que nos asista. Hasta aquí bien, perfecto, claro, un acuerdo comercial para ambas partes. Yo te doy, tú me ofreces. Es el negocio.
Pero quien es capaz de decidir que es negligencia o imprudencia en un camino donde no rige la ciencia exacta, sino la difusa de las sensaciones, intuiciones, motivaciones, la épica...
¿Quién fue el negligente que le confió el mando del HMS Beagle a
Fliz Roy con 23 años?Considerarán imprudente a
Shackleton por intentar ser el primero en escuchar como chirrian los ejes de la tierra en la Antártida, como los escuchó
Admundsen. Fue
Messner un insensato por contradecir a todos los médicos de su época y bajar del Everest vivo. Es una irresponsabilidad la de
Güllich al escalar en solo integral la Separate Reality o superación mental. ¿Bajará la (militar) Guardia Civil a los
Murcianos del Uriellu, por temerarios, durante alguno de los 69 días y noches, que se pasaron abriendo la vía "Sueños de Invierno"?... ¿Quién le pone los límites... a la imaginación?
Me cobrará entonces por rescatarme cuando me vengan a escarcelar del coche, tras un accidente de circulación, al salirme en una curva mojada y con exceso de velocidad. Pagaré cuando un socorrista me saque a la playa por intentar bañarme con bandera roja. Me descontarán de mi sueldo el gasto de la ambulancia que que me desfibriló del infarto sufrido mientras veía el partido de fútbol, en la zona de fumadores del asador...
...Y puestos a pagar imprudencias... pagaran los bancos sus imprudencias económicas... o también nos tocará pagarlas a los de siempre... osea, a nosotros.