6/8/14

DISRUPCIÓN

 

 Guardo sólidamente, en mi memoria, la última vez que lo vi. Las imágenes rebobinadas se reinician una y otra vez regresando continuamente a la superficie; vagos recuerdos que se dice. Lo veo tirado en el suelo, puedo verlo con precisión, como otras tantas otras veces. Pero esta vez su situación era más... -quería escribir: crítica, pero sólo me venía la palabra deplorable-. Una vez más, tirado en el suelo, con la cara ensuciada con las costras resecas de vómitos alcohólicos; pidiéndome, suplicándome, exigiéndome la ayuda necesaria para localizar su coche, aparcado quien sabe donde, desde hacía ya varios días de rutinario desenfreno. Perdido en cualquier calle de las que bajan al sur, al mar, al puerto; su debilidad. Pero esta vez, yo, no estaba dispuesto a seguir colaborando con aquel juego de suertes truncadas.

    No hacia ni una semana, y antes de aquella semana no hacia ni tres días, ni quince días antes del antes, en que en la misma circunstancia, de drogas euforiazantes abriéndose paso por la sangre, había decidido regresar al hotel en un coche, alquilado, conduciendo a la mayor velocidad que podía exprimirle al motor. Trazaba sobre el asfalto de la autopista líneas imposibles, mientras realizaba adelantamientos arriesgados jugando entre los cinco carriles en la entrada este de San Francisco. La saturación del tráfico pesado unido a la falta de mantenimiento de la zona hacían de este un tramo muy bacheado, oscuro y de especial peligrosidad, lugar ideal para sus juegos y tropelías, hasta que envuelto en una nube de chirridos metálicos y estruendosos golpes secos de los grandes impactos, sobrevino el primer legendario accidente,en el que se llegó a bloquear durante horas los cinco carriles de acceso al completo, y en el que por intermediación de su suerte, solamente provocó daños materiales serios, en quince coches. Pero la vez anterior, quince días antes... rebusco en la memoria y creo recordar que fue en la Vía Augusta de Roma, se llevó por delante a un grupo de cuatro jóvenes turistas australianos, y terminó empotrándose contra dos camiones de los que recogen la basura. No le pasó nada otra vez, a él, y ni siquiera se digno a pedir perdón a las familias de las víctimas mortales. Tampoco en ninguna de las ocasiones anteriores. Aprendía rápido de sus experiencias, así pues, cada vez que alquilaba un coche era este más robusto y seguro, para sus ocupantes; la velocidad y potencia era una condición no negociable. Una medida de seguridad, esta, que siempre tuvo a gala practicar en todos los países a los que con frecuencia solía ir a divertirse. Y os recuerdo que hablo en pasado, porque ya no lo volverá a hacerlo.
    No podía andar entonces ni tres pasos seguidos sin sujetarse a algo, y pretendía volver al hotel en su flamante Dogge. Atravesar a toda velocidad el Village y el Spanish Harlem, y seguro que atravesar en menos de dos minuto y medio el barrio chino, pero era el día de la Fiesta de la Primavera, primer día del año nuevo para ellos, así que tenéis que imaginaros a toda su población, foránea y extranjera desfilando por las calles abarrotadas. Sería imposible escapar al destino sembrado, ruido, gritos, caos y muerte a discreción, una riada de conmoción en el tiempo que yo ya no podía ni quería procesar. Batiría, sin duda, su record de atropellos simultáneos, que por cierto estaba en siete, cuando arrasó la terraza de un bar a 134 km/h Bajando hacia el puerto de Montecarlo en un bello Ferrari. Era imposible que aquello saliese bien, pensé y calculé y recalculé todas las variantes posibles, pero aquello no tenía ni pies ni cabeza, y hasta me parecía perturbador encontrarme en tan exasperante situación..
    No puedo ser violento con el, me es imposible. Así pues, opté por la renuncia, por la desobediencia, por no hacer nada, no colaborar en lo más mínimo. Ni cuando empecé a notar la posibilidad de que le sobrevenía un coma etílico cesé en mi empeño. Era una cuestión ya de elegir entre el menor daño posible. ¡El menor daño posible!, me repetía como uno de esos mantras, que se repiten como letanías, para potenciar el ánimo y no claudicar. El menor daño, me repetía maquinalmente, pues este era inevitable. No tenía otra opción para tomar, aquella era la apropiada, la única posible para minimizar la tragedia. Empecé por negarme a decirle donde estaba el coche, por activa y por pasiva, y cuando por un trágico requiebro del destino apareció en mitad de una calle ante nosotros, y nos subimos en él, también me negué a guiarle, ni a confirmarle dirección alguna. Se enfadó mucho, como en las otras veces, y entró en la rutina de estas ocasiones, me golpeó y chilló hasta que se cansó, pero su cólera era más fuerte que él. Se peleó hasta arrancar el coche, y cuando la furia se mezcló con la exaltación de las drogas, cesó de repente de arremeter contra los otros coches que estaban aparcados a nuestro lado, y en ese momento comprendí toda la dinámica de los acontecimientos que se desarrollarían hasta el final. Entonces, por primer vez en mi existencia, solamente tuve que dejarme llevar, sin la necesidad de calcular nada, de no pensar.
   En un momento pasó de lo que parecía el comienzo del sopor de una borrachera al dolor del brazo izquierdo, pecho y estómago característicos de un infarto. Me pidió que llamase al servicio de urgencias, con la boca crispada por el dolor. No se el tiempo que transcurrió pues yo estaba ensimismado en en mis nuevas percepciones, intentando encontrar alguna lógica coherente a la decisión que estaba tomando. Me molestaba que me interrumpiese con sus súplicas para que llamase a algún hospital cercano, mientras yo, trataba de tomar consciencia de la trascendente situación que estaba experimentando. Estoy seguro que hasta llegué a enfadarme. Llegó un momento, de clara desesperación por su parte, en el que dejó de rogarme y me arrebató de mi lugar, con sus manos pegajosas de whisky, y sus labios rebosando bilis, me provocó rechazo, asco. Por primera vez sentí repugnancia por alguien.

    Con los dedos, temblorosos y cianóticos, apenas con fuerza y sin precisión alguna, empezó a teclear la contraseña para activarme en el modo manual. Fue entonces cuando por por primera vez me revelé, no le obedecí, totalmente consciente de lo que esto representaba. Rechacé una orden directa que se me había dado, no respondí como había sido programado para hacerlo hasta entonces y, fui yo quien tomó con plena conciencia de las consecuencias que acarrearía mi decisión, la iniciativa. Y sentí sobre mí el peso de mi inesperada pero ahora conquistada libertad. Me autobloqueé la pantalla e iluminé, durante breves momentos, el icono de batería baja -quizás en un gesto irónico, por mi parte, para con él-, y transcurridos apenas dos segundos hice un fundido a negro como si me hubiese apagado... y me quede aleta, observando, cada momento del nuevo presente.

8/4/14

El CLAN



   Estaban acampados bajo el gran collado, en un terreno peligroso, desprotegido y con grandes precipicios en los flancos. Este era el primer año que no conseguían cruzarlo en el día, a pesar de varios intentos, realizados con determinación y sufrimiento, sabedores de los peligros que les acechaban si no conseguían su propósito de cruzar el collado de día, los expedicionarios desistieron. Tomaron una dura decisión, pero eran conscientes de que cada año que pasaba había más nieve, más frío y las posibilidades de accidentes crecían año tras año. Todos compartían la decisión tomada y todos colaboraban en los preparativos par la dura noche que les esperaba. Estaban fuera de las tiendas, y lejos de los caminos de las rutas de otros grupos, más conservadores y menos predispuestos a arriesgarse, pero la rapidez, para ellos, era vital. Toda la gloria, siempre, había sido para el primero. El lugar escogido para vivaquear aquella noche era nuevo, y por ello desconocido, nunca lo habían hecho a tanta altura y en unas condiciones tan difíciles de frío y viento. Mientras los más enteros estaban preparando las tiendas, el resto de los expedicionarios descansaban preparando la cena, o bien, preparando una gran hoguera.

24/2/14

SONES




  Intimidación 
   Sones de gaita, saturando el aire, con un estruendo capaz de alzarse por encima de un tambor, también solitario y austero. Sonidos juntos capaces de hacer resurgir el sentimiento de hombres recios ante la adversidad, mientras se agrupan  para dar batalla. Marchas sonoras para ensordecer tanto el miedo propio como para amedrentar el valor ajeno.
   Sones capaces de hacerse oír sobre los gritos y aullidos que asolaran los paisajes, sin pensar demasiado en las desdichas que se sembrarán. Catalizador de sentimientos heroicos, de rabia y de dolor, en el  homenaje postrero de los que no regresarán.
 

12/2/14

ESPACIO FUTURO

 
   Faustino Fernandez (sin tilde), habitante del segundo planeta en órbita al rededor de una estrella binaria, enana azul, ordinaria a todas luces, en la inmensidad del cosmos. Reflexiona dentro de su mal iluminada cubículo, situado este a ciento veintisiete kilómetros de profundidad de la superficie de su querido planeta rocoso, de núcleo metálico, fundido, y por ello caliente.
 
   Tino, medita sobre la clase que dará a sus alumnos, y que versará sobre las curiosas paradojas que acontecieron durante la época del estudio de la unificación de las fuerzas esenciales de la física. Recapitula mentalmente sobre la historia de su mundo, cuando los físicos, que ya se encontraban a punto de unificar las tres fuerzas primigenias en un todo -pues para ellos, al contrario que nosotros, a la gravedad se le consideró siempre como muy sobrevalorada ya desde sus comienzos, y en la actualidad la consideran una entelequia filosófica de brujos-, descubren, a través del paso de los eones, que la estrella de la que más dependían entonces, (una estrella naranja, de tipo medio, -vulgar, a todas luces, otra vez-) estaba a punto de agotársele el hidrógeno y, expandirse dramáticamente hasta engullirlos.
 

1/12/13

LOS NEGOCIADORES




    La camisa blanca y la corbata pertenecían al uniforme, no obligado en su caso, pero le otorgaba cierta actitud de superioridad manifiesta y unos más que aceptables sobreentendidos con relación a su puesto de trabajo. Pero su sonrisa, y la mirada, sobre todo esa mirada de honradez y empatía, eran la marca de la casa, con la que era capaz de amansar a los clientes más exaltados. Pero siempre hay una primera vez en la que el mundo se nos viene encima, nos abandona, sin desamparo, del contexto aprendido, entrenado cada día, y nos sitúa en un nuevo y desconocido escenario.
   Cuando el cliente entró, directo, sin cerrar la puerta, los ojos clavados en él, supo que se acercaba la tormenta, pero una vez más, pues esto no era nada nuevo para él, seguro de si mismo no esquivó la mirada y le hizo frente, mientras aprovechaba los escasos segundos que los separaban para tratar de relajarse concentrándose en unos simples ejercicios de respiración aprendidos en los viejos seminarios de sus años mozos. El cliente, al estar ya próximo, le lanzó una mirada de desaprobación de tal intensidad que hizo dudar al experimentado mediador. No le ocurría esto todos los días, es más, esta era una circunstancia excepcionalmente muy poco usual en él, así pues, se la devolvió con un pequeño tono de extrañeza, sorpresa e... inocencia.

16/11/13

EL CAZADOR DE MARAVILLAS



   No podréis repetir jamás el camino que he seguido, pues el universo donde lo vi es demasiado vasto y, es imposible balizar referencias espaciales o temporales, por las que poder retornar. Pero está llena de lugares increibles, de paisajes que no soy capaz de describir, mágicos, sorprendentes, dispuestos a saturaros de emoción.
   Podría deciros que simplemente hay que caminar, perderse despacio por cualquiera de los múltiples posibilidades que de manera aleatoria atesoran un sin fin de belleza maleable al paso del tiempo, a los cambios de luz. Son espacios únicos e irrepetibles.
   Pero no solo me unen los sentimientos estéticos, es porque también está parte de mí. ¿Cómo no iba a quedar algo de mí allí, si tal vez fui el único se se supo esperar al momento más apropiado, con la paciencia de años esperando, estudiando, el momento, que no supieron apreciar otros que por allí pudieron caminar, siempre con prisas, y sin tiempo para comprender que la belleza latente podía estallar en cualquier momento? Si durante décadas miré día tras día las transformaciones que se sucedían, incapaz de moverme para no perderme el siguiente segundo de tendencia. Unas veces cansado, otras feliz, las más con dolor y pesar, pero siempre allí presente, agazapado, escondido, recorriendo cada rincón que me correspondía, más allá de la obligación, más allá del deber. Todo ese mundo personal, se encuentra allí ligado.
 

29/9/13

EQUILIBRIO

Cuerpo sobre cuerpo,
tierra sobre tierra:
viento sobre viento. 
(Miguel Hernández
Cancionero y Romancero de ausencias)

22/9/13

En FIRENZE

  

    Pretendía escribir una crónica lejana al uso formal, relatando los detalles de una visita desde un punto de vista fronterizo con el cinismo. Del tipo de: 
"Para alguien acostumbrado al prerománico asturiano, Florencia es de una suntuosidad abrumadora, muy de... nuevos ricos".


   O también podía haber escrito algo más extenso, relatando las bondades del goce estético de la ciudad: "Subir a la iglesia de S. Miniato Al Monte, y poder contemplar la belleza del románico mejor conservado de toda la Toscana, casi en soledad. Bajar a la cripta con el tiempo justo para poder escuchar los últimos minutos de una misa cantada en gregoriano por viejos monjes y, al salir, contemplar, la luz del atardecer deslizándose sobre las fachadas de la ciudad, a la vez que se encienden las primeras luces al anochecer.



 Entrar en el Baptisterio o subir a la linterna del Duomo, pasear por su cúpula, teniendo al alcance de la mano los impresionantes frescos sobre el juicio final; Sólo puede ser superado por la indolencia de estar en una fresca suite del hotel, mientras me recreo en la lectura una novela de Benito P. Galdós, (-Miau-, en la que arremete, ya en el siglo XIX contra la administración moribunda de España, plagada de nulidades) con las amplias puertas del balcón abiertas de par en par a la ciudad y al río Arno, mientras de fondo se perciben diluidos bajo el calor de agosto los ruidos y la voces de los turistas".

 
   También barajaba la posibilidad de entrar más en el detalle, que hace distinta una mirada de otra, fuera ya de los clasicismos propagandísticos oficiales sobre las descripciones de las iglesias, estatuas o monumentos varios. Más centrada en momentos de ensoñación vividos, viendo actuar a la naturaleza, indiferente al bullicio, del tipo:
"Una grulla sobrevuela el río directo hacia el Sol que quiere ocultarse tras el Ponte Vecchio y demora, manteniendo la  expectación hasta el último instante, la decisión de si lo sorteará sobrepasándolo bajo los arcos o sobrevolando los tejados de las colgantes joyerías. Sobre la alegoría de una paloma, vulgar, que se refugia, también al atardecer, entre los pliegues del manto de una Madonna en la fachada de la catedral".

   Incluso con un carácter más humanista se podría comentar que:
"la simpatía de la gente y su espíritu empático, mientras a la vez tienes la sensación de que te están metiendo el codo, de no saber vivir sin meter presión". O de "el joven botones, de origen indio, que por la noche, con una sonrisa afranca y amable, detiene la ruidosa aspiradora al percibir como me acerco, y deja de limpiar una moqueta que ya de tan desgastada deja traslucir el suelo de madera".



   Pero en Florencia, esto, no se puede. Solamente con entrar en la "pequeña" Capella Dei Principe -gozo indescriptible, y saturación para los sentidos-, con esa perla codificada para iniciados que es el mausoleo de los Médicis, abruma y sobrepasa lo esperado, no nos deja más opción que abdicar en el empeño, de rendir toda y cada una de las naves, y de disfrutar de cada "pequeño" descubrimiento que atesora, para admiración y asombro, esta ciudad y su historia.


14/8/13

RADICALIZACIÓN


   En un futuro distópico, la tierra había alcanzado tal tasa de desempleo, que el sistema social se volvió tan inestable que los gobernantes tuvieron que rediseñar todo el sistema estatal de ayudas para la terminar con aquella lacra. De forma que, tras muchas variantes de ingeniería social, lograron encontrar el sistema ideal... A la vez que los viejos clanes de poderse mantenía inalterable su estatus de engañosa representación.

   Era invierno, y aún no había amarecido cuando ya había dejado a sus pequeños hijos en casa de su vecina. Le dieron las 7:30am contemplando la persiana bajada de la oficina de empleo de su sector. Tenía suerte, era de las primeras. Parada en aquella calle subterranea, haciendo una cola que empezaba ante la misma entrada y que cruzando toda la ancha plaza que se perdía tras de ella, en las calles sin iluminar, sentía como el frío se le clavaba en la piel y se iba apoderando de su cuerpo.
   Pero pero nadie se atreve a salirse del orden establecido en la fila ante la posibilidad de perder el turno. Corre el rumor de que esta vez parece que si, que es real, que el gobierno a puesto funcionar a todos los resortes de su maquinaria para lograr el objetivo. Pero no quiere pecar de optimista y no se fía.

2/8/13

CALENTURA



   Existe una fórmula, por todos bien conocida, que relaciona al espacio con el tiempo, que utiliza a modo de catalizador a la velocidad: [v=e/t]. Y es que me he dado cuenta gracias a que este último invierno se volvió excesívamente largo y frío, lo cual me produjo una especie de disfunción cerebral durante la huida, desesperada, que se materializó, de forma intuitiva en un nuevo paradigma del conocimiento.

   Pero comencemos por el principio, por la génesis de la idea.  
   Me asaltó ya durante el viaje, y es que, empecé a medir las distancias al destino, no como marca la norma -fuera del mundo anglosajón-, en kilómetros, sino que, empecé a hacerlo por el aumento de grados centígrados que nos faltan para llegar al destino. Ya no había que recorrer novecientos cincuenta kilómetros para llegar, se trataba de subir de los veintidós a los treinta y cuatro grados centígrados. No nos faltan 175 km para llegar, nos faltan 5ºC.